La escalera no es un adorno de recibidor. Sube en dos vuelos anchos y deja ver, en cada rellano, una puerta distinta: archivo, salón, barra, oficinas.
La piedra es clara y el pasamanos, de cobre envejecido. Por la mañana entra luz del vitral; por la noche, lámparas bajas para no convertir el hueco en un escenario.